Edición Julio a Septiembre 2018 Nº 118

Programas Sociales

Una semilla que da frutos toda la vida

Este año, Carlos Andrés Forero Giraldo, estudiante de grado quinto de la Institución Educativa Pastora de Montoya, del corregimiento El Caimo, ha aprendido más que matemáticas, lenguaje o ciencias sociales. Ahora sabe que la zanahoria, los pepinos y el frijol no se siembran como siempre pensó. También, que con telares puede elaborar prendas, como gorros, que luego usará o le regalará a su familia.

De la mano de sus profesoras Luz Elena y María, agentes educativos del área de Programas Sociales de Comfenalco, Carlos y sus catorce compañeros tienen hoy sus propios proyectos productivos en elaboración de manualidades y en la huerta escolar.

Esta misma experiencia se vive desde el año 2017 en quince sedes rurales de la Institución Educativa El Caimo, donde se forman 607 niños y jóvenes bajo el modelo pedagógico Escuela Nueva. La creación de huertas escolares es una de las estrategias para brindar educación ambiental, reducir la contaminación y fomentar el amor por la naturaleza y por las raíces campesinas que, incluso, muchos de estos estudiantes aún tienen en sus hogares o en las fincas donde viven y trabajan sus padres.

Asimismo, se promueve el emprendimiento, para que desde esta etapa de sus vidas dimensionen la importancia de forjar empresa, identificar oportunidades de negocio y liderar acciones productivas.

La profe María, encargada de la huerta, ve cómo la semilla que sembró ha empezado a dar los más importantes frutos. A su llegada a las escuelas, los estudiantes, ansiosos y emocionados por su visita, la toman del brazo y la llevan hasta el lugar donde sus semillas ya han germinado.

Adecuar el terreno, jugar con las lombrices, ver cómo día a día crecen las frutas, verduras y legumbres que sus manos plantaron es razón de alegría y motivación para ellos, que en su mayoría pertenecen a comunidades vulnerables. Cuando los productos están listos para el consumo, los comparten con sus compañeros o familiares y terminan de comprender por qué los alimentos orgánicos son buenos para su salud.

Por su parte, la profe Luz Elena de Comfenalco, como la conocen sus alumnos, teje sueños de colores en los más diversos materiales: macramé, hilo crochet, lana y recortes de franelas, con los cuales se hacen tapices, cojines, ropones y cobijas, como una forma de sana utilización del tiempo libre, de desarrollo de habilidades motoras y de esparcimiento durante la jornada escolar.

Norma Corrales Hincapié, quien es docente en la sede Pastora de Montoya hace 24 años, expresa que los proyectos productivos estimulan y animan a los niños y padres de familia a cuidar el planeta y descubrir sus talentos en el área artística. Además, resalta los avances que han tenido sus estudiantes en cuanto a la coordinación, la motricidad fina y gruesa, y la combinación de colores, entre otros aspectos.

Alrededor de los proyectos productivos nacen historias que luego son recuerdos memorables, como aquella vez en que un perro y una zarigüeya destruyeron la huerta. De esta experiencia surgieron cuentos y relatos que pusieron a volar la imaginación. Nadie quería que la clase terminara.

Tags: Programas Sociales,Jardín Social,Una semilla que da frutos toda la vida

TE PUEDE INTERESAR

©2018 asisomos.comfenalcoquindio.com | todos los derechos reservados
Powered by: rhiss_logo