Edición Octubre a Diciembre 2018 Nº 119

Yoga: aprendizaje que transforma
Instituto

Yoga: aprendizaje que transforma

Gladys y Amanda Ramírez Ruiz son hermanas, compañeras de vida y de clase de yoga. Este año están cumpliendo su aniversario número dieciocho como estudiantes del Instituto Técnico de Educación Comfenalco. Amanda, quien fue docente del magisterio por 38 años, fue la primera en conocer esta disciplina: cuando la aquejó un problema de salud sintió la necesidad de buscar el equilibrio del cuerpo, el alma y la mente. «Encontré la cura para mis dolores, para los físicos y los emocionales, y la forma apropiada de canalizar cada situación, buena o mala, que debo experimentar».

Su hermana Gladys entró en el mundo del yoga un poco después, y ahora, cuando ambas están pensionadas y tienen todo el tiempo para dedicarse a cuidar de sí mismas y de sus familias, siguen convencidas de las bondades de esta práctica y de la calidad de la educación impartida por Comfenalco.

Recuerdan que su primera docente fue Elizabeth Camacho, y aseguran que fue una fortuna hallarla en este camino. Su profesora falleció, pero jamás olvidarán el gran conocimiento que les transmitió y cómo en todo su ser era la representación de lo que es y significa el yoga.

Llegaron otros docentes «también muy calificados», que han compartido con ellas innovadoras técnicas que enriquecen sus competencias en el campo de la meditación y la actividad física.

«En yoga te haces flexible, liberas el estrés y mejoras tu salud. Es la unión del cuerpo, la mente y el espíritu, hay conexión, respiración consciente y concentración en uno mismo, y así se logra armonía. Por eso nos gusta participar en este programa del Instituto Comfenalco», explica Gladys, que como su hermana dedicó gran parte de su vida al trabajo con el magisterio, pero como funcionaria administrativa en la Secretaría de Educación Departamental.

No son perfectas y lo saben, se estresan, sienten presión: son seres humanos. Sin embargo, en este punto de su existencia han alcanzado el autocontrol y piensan en las consecuencias que sus pensamientos, palabras y actitudes pueden tener para la salud física.

La consciencia del valor que tiene una buena calidad de vida ha ido conduciendo a Amanda y Gladys a hábitos de alimentación y de vida saludables, de los que han contagiado a familiares y amigos. Y así viven su cotidianidad estas dos mujeres, de 62 y 65 años, nacidas en el Quindío: trabajando en su interior para que en el exterior se refleje todo lo bueno que llevan dentro.

Tags: Instituto,Yoga: aprendizaje que transforma

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