Edición Enero a Marzo 2019 Nº 120

Comfenalco Quindío, 2017
Especiales

Laura Melissa Márquez Hernández

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El café, con rostro de mujer

Desde que era una niña, el vínculo de Laura Melissa Márquez Hernández con la tierra le hervía en la sangre. La familia era propietaria de una finca en lo alto de la montaña, en el Quindío, pero era un predio abandonado que la seducía a distancia, pues razones de orden público le impedían visitar el sector.

En la vereda La Paloma, de Calarcá, Quindío, la finca Bellavista era para Laura Melissa un deseo en el corazón de una adolescente a quien su propia abuela le aconsejaba salir del campo, estudiar una carrera y buscar otras alternativas que pudieran representarle más dinero y reconocimiento que el obtenido si se quedaba en el sector agrícola y pecuario.
Estudio su primaria en el colegio Jhon Dewey y el bachillerato en el colegio Jorge Robledo de Calarcá, Quindío.

Así nació y creció Laura, imaginando cómo conquistar ese territorio, acrecentando la terquedad por un llamado de su identidad y tradición. Hija del contador público Rodrigo Alberto Márquez, y de la trabajadora social Luz Stella Hernández, y hermana melliza de David Andrés, les comunicó a los 15 años, al término de su bachillerato, una decisión que cambiaría el destino de su familia.

En ese momento rompió casi todos los paradigmas de su generación y perfiló su vida como un ejemplo maravilloso en tiempos de conflicto armado, violencia y drogas.
Contra todo pronóstico, escuchó su voz interior y decidió irse a vivir con el café, a sentirse, de verdad, un elemento de aquello que la Unesco acababa de declarar patrimonio de la humanidad: el Paisaje Cultural Cafetero.

laura melissa mujer comfenalcoArrancó una maratón que para todos sus compañeros de colegio y para sus propios padres parecía una locura. Era nadar contra la corriente. Su hermano la respaldaba en su intención, pero el llamado del campo pertenecía con exclusividad al corazón de esta jovencita, a quien seguía esa voz inconfundible del universo que hace caminos extraordinarios.
Aunque la casa estaba enmontada y casi destruida, se fue a vivir a la pequeña finca que su familia tenía prácticamente abandonada. Solo llevaba en la mano la traílla de donde prendía a su perrita Kiara, y una enorme semilla de café en su corazón. Durmieron solas durante varios días, en los que se dedicaron a rearmar la vivienda y a acondicionarla para los tiempos futuros.

Laura consiguió que un conocido de la familia se comprometiera con el trabajo pesado y con las primeras adecuaciones para el sembrado de café, pero pronto este trabajador a quien ella le prometió el pago con la primera cosecha desertó del lugar, y le dejó además una deuda por saldar a causa del aparente incumplimiento del contrato.

Empezó a sentir las primeras desilusiones, esa decisión era como irse a vivir a la selva, donde no es la fuerza del cuerpo lo que cuenta, sino la fuerza del espíritu. Encontró los primeros obstáculos, pero con azadón en mano empezó a desmontar la finca, como lo hicieron hace más de cien años sus bisabuelos, cuando conquistaron el territorio de los Andes del Quindío. Y allí, con inocencia juvenil, armó su nuevo refugio.

Quería ser cafetera. Sudaba tierra y respiraba sueños. Cada día se ilusionaba pensando que la vida del campo va en la sangre y que debía pisar firme sobre su propia fortaleza, con la seguridad de que su historia de mujer cafetera podía cambiar la realidad de desarraigo y profundas fracturas entre la vida del campo y la ciudad.

Evaluando empíricamente las condiciones del entorno y con gran entusiasmo juvenil, bajó a su pueblo, Calarcá, a buscar apoyo institucional, y contó su historia en el Comité de Cafeteros, donde recibió apoyo para sembrar sus primeras 5.000 semillas del grano.

Sus padres le ayudaron con dos préstamos, uno para pagar la deuda del trabajador, y otro para empezar a levantar la finca. Pronto, las verdes y tiernas chapolas se convirtieron en arbustos de café, que le hablaron un idioma de aromas y sabores, de amores inconfundibles por el campo.

También en el Comité de Cafeteros se enteró de becas para campesinos que quisieran estudiar Zootecnia, en Unisarc, en Santa Rosa de Cabal (Risaralda), los fines de semana. Cumplió con su universidad, consiguiendo recursos del Icetex, y rápidamente pasaron los semestres que la hicieron profesional.

Vio su finca con otros ojos, pues las condiciones topográficas no daban para la tenencia de animales, y se enfocó en el café. Estudió también Técnico en Producción de Cafés Especiales, en la Escuela Nacional de la Calidad del Café, en el SENA Regional Quindío.

El sueño de luchar contra el desempleo, el desplazamiento y la desesperanza de los jóvenes que no quieren volver al campo empezó a cumplirse. La Fundación Bolívar Davivienda la escogió, con otros jóvenes caficultores de la región, como «semilla humana» para promover la sostenibilidad y empoderar a la comunidad en el trabajo colectivo en el campo, a partir del café.

Fue así como la semilla que llevaba en su corazón floreció, y hoy produce, en más de 8.000 arbustos, el café que ella misma recolecta, beneficia, trilla, muele, empaca en la planta y ofrece al mercado regional y nacional.

El talante laborioso de Laura Melissa no se ha forjado en la abundancia, sino en la escasez. Su contribución a la sociedad es el ejemplo del esfuerzo, la tenacidad, la constancia y la solidaridad, como valores que se cultivan con el mismo amor que se desprende de la primera chapola de los semilleros de café del Quindío.

Su liderazgo ha dado no solo los frutos de su finca Bellavista, también ha motivado que muchos otros jóvenes del Quindío, entre los 14 y los 27 años, cultiven café en sus propias fincas, como ella, y se abran paso en el mercado, a fuerza de la creatividad de los emprendedores, demostrando que en el campo se puede soñar y seguir con el legado recibido de sus padres y abuelos.

Asociados bajo el nombre Herencia 24, Melissa y sus compañeros caficultores imprimen juventud, sabor y tradición a la marca de café de origen que sale de su propia planta productora. Su propuesta no solo busca vender libras de café tostado, sino que además presenta un enfoque moderno, empresarial, de empalme generacional, con especial claridad sobre la salvaguarda de la caficultura y los derechos de la mujer, y rechaza la inequidad, la exclusión y la marginalidad que han constituido una problemática que afecta profundamente a los jóvenes de las zonas rurales.

Laura Melissa es ejemplo para las mujeres jóvenes y para quienes lideren propuestas en temas cafeteros y ambientales, en un momento coyuntural que plantea la necesidad de recuperar la caficultura a partir de la innovación, el fortalecimiento institucional, el relevo generacional y la migración hacia nuevos mercados.

La semilla fértil del emprendimiento

Como joven cafetera y líder de la Asociación Herencia 24, Laura Melissa Márquez Hernández representa un eslabón en la cadena productiva del café, que empieza a incluir en las variedades cultivadas y cosechadas en la región la meta clara de garantizar el relevo generacional y la equidad de género en el campo.

Herencia 24, marca que alude a que el café es la bebida que se consume 24 horas, 7 días a la semana, hace atractivo el café para las nuevas generaciones, en una época en la que faltan incentivos para los pequeños productores.

Defienden los atributos del Paisaje Cultural Cafetero, preservando el trabajo ancestral que hizo fuerte a esta tierra, en una propuesta que impulsa nuevos liderazgos, pues como jóvenes caficultores están identificando problemáticas del sector, proponiendo alternativas para hacerlo más atractivo a las nuevas generaciones, y promoviendo el empalme generacional al ser ellos mismos los que quieren producir café, diversificar, acceder a certificaciones de café especial y al mercado de café diferenciado.

Laura Melissa y los jóvenes hijos y nietos de caficultores, de tercera y cuarta generación, son ejemplo para las mujeres jóvenes y para quienes lideren propuestas en temas cafeteros y ambientales, en una época en la que faltan incentivos para los pequeños productores, y el café sigue siendo una opción, pese a que la institucionalidad manifiesta tener tantas limitaciones.

La propuesta de esta joven cafetera representa una visión que genera valor en la región, puesto que la generación cafetera se quedó con el rótulo del café, pero sin posibilidades de cultivar, procesar y comercializar el grano, por lo que Herencia 24 surge como un trabajo articulado y con enfoque social.

De igual forma, su iniciativa consolida la motivación hacia la asociatividad y la sostenibilidad, con la eliminación de los intermediarios y entregando un mensaje social sobre la viabilidad del café en tiempos modernos.

Laura Melissa trabaja a diario con la visión clara de que las mujeres tienen que administrar sus propios terrenos y lotes de café, entregando un mensaje diferente a sus hijos para que se conviertan en verdaderos transformadores y empresarios del grano. Ella y sus amigos de Herencia 24 son semillas que esparcen un ejemplo maravilloso a sus congéneres, y con cada taza de café que sale de su planta productora se convierten en protagonistas del futuro que anhelamos y merecemos disfrutar en un país de raíces y esencia cafetera.

En la torrefactora, donde actúa como gerente de planta, con dos jóvenes que cumplen con su trabajo como coordinadores, y otros dos como tostadores, se trabaja un día a la semana, y al mes se producen 100 libras de café, con la marca Herencia 24.

Aspiran a fortalecerse como grupo, visitar nuevos cafetales, exportar, y soñar con biodigestores y procesos más tecnificados que les permitan producir gas a partir de la pulpa del café.

Son ejemplo de asociatividad y de sostenibilidad. El trabajo de Laura Melissa Márquez denota compromiso con rostro de mujer, por romper las cadenas de desigualdad y entregar un mensaje social sobre la viabilidad del café en tiempos modernos, por defender que la fuerza no proviene de la capacidad física, sino de la voluntad indomable, y por preservar los valores campesinos, porque para ella primero está el campo, los jóvenes y la idea de vender la finca como una empresa, para que más personas como ella tengan en el café un gran proyecto de vida personal.

 

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