Edición Enero a Marzo 2019 Nº 120

Valentina Alejo
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Valentina Alejo

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Pasión por las matemáticas

El bicho de los números, como ella misma lo expresa, la picó cuando apenas cursaba grado noveno, en el CASD, de Armenia, y por convicción se matriculó en el semillero de investigación en matemáticas, de la Universidad del Quindío.

Por esos días, Valentina Alejo Rincón tenía 15 años y vivía encantada con la sensación de sentirse estudiando como en la Edad Media, cuando el conocimiento representaba un desafío, y cada encuentro académico le producía una satisfacción enorme tras experimentar que, como en esa época, estaba llegando, con su aprendizaje, a un escenario de luz y nuevos logros a partir de los números.

Valentina Alejo casdA sus escasos años, sabía que no estaba aprendiendo unas simples fórmulas, sino una nueva manera de ver la vida, de resolver problemas y de explicar los fenómenos del mundo.
Ese mismo año logró llegar a la final de las pruebas Supérate con el Saber. Fue la primera vez que montó en avión, que salió de su ciudad, para verificar que el mundo es tan amplio e infinito como los números, y que con disciplina y pasión se puede llegar más que lejos.

Fue segunda en este intento, pero con fe le prometió a Dios exigirse, ser disciplinada y aún más estudiosa, para lograr un primer lugar y algo más grande que le permitiera cumplir sus sueños.

Hija de Martha Cecilia Rincón, empleada del área de aseo de otro colegio de Armenia; de Jhon Jemay Alejo, maestro de obra independiente, y hermana de Katherine y Laura Michell, de 23 y 15, esta última también estudiante del CASD, sabía que las condiciones económicas no le permitirían pagar el curso Preicfes; menos, pensar en ir a la universidad. Entonces volvió una y otra vez a la biblioteca, estudió en tiempo extra y con los manuales y cuadernillos que le prestaron sus compañeros de curso.

Trasnochó en varias ocasiones persiguiendo su meta y se preparó con entusiasmo y mucha dedicación buscando resolver con una beca el deseo de acceder a la educación superior y estudiar matemáticas.

Y todo valió la pena. Ante la falta de internet en casa para revisar los resultados de las pruebas Saber 11 de 2018, su mejor amiga la llamó en octubre para decirle que su puntaje era casi perfecto: 468 puntos, y puntaje de 100 en matemáticas, castellano y biología. La ubicaron en el primer lugar, y de paso la hicieron subir un nivel en el ranking de sus sueños.

Gracias a su logro hará parte del programa Generación E, del Gobierno nacional, que le ofrece una beca y un porcentaje de manutención para ingresar a una universidad pública o privada. Su sueño es la Universidad de Los Andes, aunque aún debe definir dónde residir en la capital.

Ya fue a la Noche de los Mejores en su colegio, también en el Ministerio de Educación ha recibido reconocimientos de las administraciones municipal y departamental, y está a la espera de que la vida siga enviándole señales sobre su futuro.

Valentina sabe, sin dudar, que su más grande horizonte está en los números, y que un día podrá ser además de matemática, física, para seguir eligiendo problemas por resolver y fenómenos por explicar, haciendo fácil lo que para otros es tan complejo.

Su inteligencia racional le dice que podrá convertirse en una exitosa mujer de ciencia, y la inteligencia emocional le recuerda que a sus 17 años la vida es un axioma indescriptible, pintado de magia, colores, sorpresas y sueños por cumplir.

 

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