Edición Julio a Septiembre 2018 Nº 118

TierraBoca, el hacedor de dibujos
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TierraBoca, el hacedor de dibujos

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Diego Fernando Agudelo Guzmán siempre ha buscado expresar lo que opina, lo que ve, lo que siente. De niño lo hizo escribiendo cuentos de conejos y mariposas, que le permitían ganar concursos por su perfecta ortografía.

En el bachillerato, del Colegio Inem de Armenia, empezó a amar los poemas de Octavio Paz, en los que se escribían, con tintas verdes, escenarios donde las palabras eran árboles, las frases constelaciones y los poemas una completa creación de jardines, selvas y prados que luego fueron materia prima de sus dibujos.

Y de pronto, de manera muy natural, a pesar de haber estudiado Secretariado en el Sena, y de trabajar en una inmobiliaria para ganarse la vida, esos trazos que hoy lo hacen una figura reconocida de la ilustración en Colombia, bajo el nombre de TierraBoca, lo llevaron a tomar la decisión de renunciar a ese trabajo formal, para irse a Bogotá y dedicarse por completo al arte, al color, a contar historias a través de sus ilustraciones.

Diego Fernando es un joven quindiano que se ha hecho a pulso. Transformó su pasión por dibujar, al lado de sus compañeros de la escuela gráfica Taller 2, de Calarcá, en compañía de los maestros Mario García y Jairo Alberto Álvarez Osorio, quienes entregaron las bases para ser dibujantes, caricaturistas o historietistas a toda una generación de quindianos, en todo un estilo de vida.

Como la tarea no era fácil, dibujaba a diario y se encerraba en las bibliotecas a aprender solitariamente nuevas formas de expresión, color e ilustración, soñando con que podía alcanzar grandes logros, y reconociéndose a sí mismo que para ser el mejor hay que trabajar con disciplina.

Su meta fue crear un estilo propio que le abriera otros escenarios, y pronto se halló cómodo con sus muñecos a base de rectángulos, revestidos de acuarelas, de marcadores, en grandes formatos y pintados con vinilo sobre papel, como en esa escritura de tinta verde que le anunciaba el poema de Octavio Paz, antes de crear el universo gráfico de TierraBoca.
Sus dibujos pasan por el humor gráfico, la metáfora, la sustitución de tiempos y espacios, la ilustración infantil, el cómic, el absurdo como base del surrealismo, el acrílico, la acuarela, la tinta y lo digital.

En 2017, su arte lo llevó a ser el ganador de uno de los eventos más importantes en la materia, la tercera edición de Latin American Ilustración, que evaluó cerca de ocho mil portafolios de artistas, y a ser invitado este año a Pandora Exquisita, un proyecto de narrativas visuales en torno a la ciudad de Panamá, que convoca ilustradores para narrar con imágenes lo que ven en diferentes personajes.

TierraBoca también ha sido expositor en la Feria del Libro de Bogotá, y sus dibujos han participado de exposiciones colectivas de universidades y festivales, y han circulado por revistas y diarios, como Dinero, El Tiempo, Ámbito Jurídico y Bacánika.

Mientras crece, como sus dibujos, que son para niños y para grandes que quieren asombrarse con esta manera de ver el mundo, sigue admirando a Manzur, José Antonio Suárez, Vladdo, Henry González, Turcios, Jarape, y por sobre todas las cosas, sintiendo una fascinación por los fantasmas y los monstruos del estadounidense Mike Mignola.
Quiere seguir siendo el hacedor de dibujos que no tiene momentos de inspiración, sino el deseo de que sus signos se conviertan un día en una biblioteca, un abecedario de símbolos que haga aportes sociales, que entregue luz y nos cambie las imágenes de violencia y agresión a las que nos hemos acostumbrado.

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