Edición Octubre a Diciembre 2018 Nº 119

Mateo Gutiérrez González
Gente

El ingeniero de la guadua

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Orgánico, flexible, liviano, resistente, económico, el bambú es uno de los materiales de construcción no convencionales que más interés está despertando en un mundo moderno que busca ser cada vez más amigable con el medio ambiente. El quindiano Mateo Gutiérrez González es un experto en el tema de ingeniería estructural, y le ha dado la vuelta al mundo mostrando los resultados de sus investigaciones sobre este pasto gigante que es parte del Paisaje Cultural Cafetero.

Mateo recuerda muy bien aquel medio día del terremoto. En ese momento estaba en la casa de sus abuelos, en un edificio de siete pisos del barrio La Nueva Cecilia. Sintió el cimbronazo, pero no pensó que fuera tan grave ―a su alrededor nada se había caído―, hasta que salió a recorrer Armenia, vio paredes caídas en Sorrento, casas dañadas en el Granada y decenas de barrios destruidos en el sur. «Ese evento me marcó, me causó mucha curiosidad el tema de los sismos, el cómo había estruturas capaces de resistir y otras no».

Para ese entonces era un estudiante de secundaria del Colegio San Luis Rey, que vivía en el barrio Mercedes del Norte y que estaba rodeado de expertos en temas de construcción y estructuras. A la hora de escoger una carrera universitaria pudo haber sido arquitecto como su papá, Hernán Nicolás Gutiérrez Villa, pero se decidió por la Ingeniería Civil, la profesión de su abuelo Alberto Gutiérrez Jaramillo, quien además de ser alcalde de Armenia fue uno de los fundadores de la Sociedad de Ingenieros del Quindío.

A los 17 años, Mateo se fue de Armenia para Bogotá a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad Nacional. No sabía aún que años después se iba a convertir en un experto mundial en temas de construcción con estructuras de guadua. «En toda la carrera no tuve mayor relación con el bambú, la formación profesional se enfocaba mucho en materiales convencionales, como el acero y el concreto. Fue cuando ingresé en la maestría de Ingeniería Estructural que quise enfocarme en algo que no fuera convencional».

Hasta ese momento la Guadua angustifolia Kunth ―la que más abunda en el Quindío― era solo parte de su paisaje cafetero. Recuerda especialmente los guaduales del valle de Maravélez y los de las riberas de Hojas Anchas y otras quebradas que atraviesan Armenia. Sabía que, por su peso, flexibilidad, dimensiones y elevada resistencia mecánica, esta especie de pasto es altamente sismorresistente, tanto es así que después del terremoto el Forec financió la construcción de algunos barrios con casas de este material.

Apareció en su maestría la oportunidad de trabajar en un proyecto que estudiaba el comportamiento mecánico de la guadua, en el marco de la actualización del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10. Desde el 2010 Colombia incluyó entre esas normas una específica sobre el bambú. Fue uno de los primeros países en hacerlo, algo que aún no tienen otros, como China, Indonesia, Vietnam y Tailandia, en los que es cotidiano su uso, y por ser un material barato está asociado a gente de pocos recursos que lo usan sin especificaciones técnicas.

Amigable con el ambiente

MATEO GUTIERREZ GONZALEZ INGENIEROEl estudio de la guadua, de sus fortalezas y debilidades en el tema de la construcción se volvió el pan de cada día de Mateo Gutiérrez González. Es integrante de Sibguadua, una red de investigación que «centra sus intereses en el estudio del bambú y sus aplicaciones, incluyendo otras áreas de estudio, como genética, manejo ambiental, cultivo y producción, legislación y normalización». Actualmente cursa un doctorado en «Desempeño en condiciones de incendio de la estructura de bambú», en la Universidad de Queensland, en Brisbane, Australia.

En este país hay un movimiento fuerte de construcción en madera, y las investigaciones de Mateo sobre el bambú eran de todo su interés. Eso le permitió obtener la beca para el doctorado. «Ahora se quieren construir edificios en madera, de 12 y 15 pisos, pero uno de los mayores impedimentos son las regulaciones contra incendio. Mi tesis doctoral busca entender cómo se comporta ante el fuego este pasto ―que pertenece a la familia de las gramíneas―, cómo se quema, cómo cuidarlo en los incendios».

Le falta año y medio para terminar. En los dos años que lleva en Brisbane ha podido exponer sus hallazgos en diversos países. El año pasado, en un encuentro de investigadores de Ingeniería Estructural, su trabajo resultó ganador entre 25 que se presentaron, y el premio fue ir con su ponencia a Londres, en representación de Australia. También ha estado en Suecia, Estados Unidos, Indonesia, China y Corea enseñando su trabajo en un mundo que se está viendo en la necesidad de usar materiales y tecnologías de construcción más amigables con el medio ambiente.

«El bambú y las plantas que conforman su familia están atrayendo mucho la atención por todas sus cualidades y ventajas: la madera requiere entre 20 y 30 años para ser utilizada, el bambú solo tres. Sus propiedades físicas y mecánicas son muy buenas, y al ser un material natural y renovable su impacto ambiental es mucho menor». Mateo afirma que los colombianos tienen la experiencia y la capacidad para desarrollar normativa en construcción de bambú. La que se ha hecho aquí ha sido referente incluso para que otros países, como Perú y Ecuador, la incluyan.

Quince horas de diferencia hay entre Armenia y Brisbane. Al otro lado del mundo, mientras acá es domingo en la noche, allá es lunes al medio día. No está solo, en esta aventura lo acompaña su novia colombiana, Elizabeth Ortiz, quien es máster en Salud Pública de la Universidad de Queensland. Con ella comparte en sus tiempos libres ese gusto por visitar los mercados populares, las exposiciones de arte y de fotografía, degustar la gastronomía de la región, ver los partidos de fútbol y, sobre todo, de basquetbol, deporte que jugó mucho en su adolescencia y en su época de la universidad.

Ese talento para los números, los cálculos, las estructuras, saberes inherentes a su quehacer como ingeniero, va de la mano de su fino humor y espíritu aventurero, de su gusto por las actividades físicas: practicó el montañismo, y de niño disfrutó de las vacaciones recreativas de Comfenalco y fue parte del grupo scout de la Caja. Ahora, en Brisbane, no deja de extrañar aquellos momentos, al igual que el café de su tierra, la arepa, el arequipe, la yuca, el plátano y, por supuesto, a su mamá, Lucy, a sus hermanos, Santiago y Nicolás, a sus tías y su abuela. Y también echa de menos los guaduales, que con el tiempo dejaron de ser para él solo paisaje, para convertirse en el objeto de sus estudios, la razón de sus desvelos.

Tags: Gente,El ingeniero de la guadua},Mateo Gutiérrez González

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