Edición Abril a Junio 2019 Nº 121

Ética

Mentiras en red

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Por: Javier Darío Restrepo

Una encuesta reciente demostró que el 25 % de las personas que usan internet son usuarios tóxicos, es decir, que contaminan las redes sociales con sus odios. Son odios que se manifiestan en forma de agravios y de mentiras. Los que más se valen de la mentira para atacar son los políticos. Lo comprobaron los investigadores de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, cuando las redes difundieron toda suerte de ataques, principalmente mentiras, como las que mostraron a la señora Clinton vinculada a violadores de niños o a organizaciones racistas. Cada mentira disminuyó el caudal electoral de la candidata, pero, sobre todo, tuvo un impacto personal en ella. Fueron disparos sin balas, con una gran capacidad de producir heridas. Así les ocurre a todas las víctimas de esos ataques incruentos en la selva de las redes sociales.

Los usos de un computador

Un computador puede utilizarse como un juguete, como un arma, o como un instrumento de trabajo.

No solo los niños, también los adultos suelen utilizarlo como un juguete; para la mayoría de las personas es una herramienta de trabajo y para otros es un arma de combate. Esto último lo hacen los que se valen de lo digital para propagar afirmaciones calumniosas, que pueden alterar para mal la vida de las personas. Son calumnias que viajan a una sorprendente velocidad y que llegan en instantes a incontables personas, de modo que el daño es instantáneo e involucra a incontables personas.

Esos dos poderes, lo instantáneo y el anchísimo espacio que dominan, hacen más peligroso el manejo de los aparatos digitales cuando se los usa como armas destructivas, para mentir o para esparcir agravios.

Los aparatos digitales no fueron inventados para eso, sino para hacer más fáciles las comunicaciones. Pero les pasa lo que a los bisturíes, esas finas cuchillas que manejadas por un cirujano son instrumentos que hacen el bien, pero en las manos de un asesino se convierten en un arma mortal. Todo depende de quien lo maneje y con qué intención.

El arma digital

La tecnología digital, inocente en su origen, ahora se ha transformado en instrumento para mentir, tan eficaz que ha llegado a ser parte del arsenal ofensivo de los políticos. En las redes sociales el político logra la aniquilación de un contrario, y el empresario elimina competidores y arroja sospechas sobre empresas y productos. La publicidad refinó con este instrumento sus tácticas para convencer a potenciales consumidores, con sus medias verdades. Internet para ella es un medio inmediato y eficaz.

Hoy por hoy, y por el uso frecuente de la mentira, para muchas personas se ha vuelto borrosa la frontera que separa la mentira de la verdad. El uso constante le ha dado a la mentira una carta de ciudadanía que la acredita, por lo menos, como sustituto de la verdad, con el nombre de hechos alternativos, o de afirmaciones alternas.

Cuando esto sucede, y está sucediendo, comienza a desaparecer una hija de la verdad que es la confianza; en su lugar aparece la desconfianza, que aleja a las personas entre sí y vicia la vida en sociedad. Cualquier otro puede estar dispuesto a engañarte, que es la peor presunción en la vida de hogar, en los lugares de trabajo, o en la relación con los vecinos. La desconfianza aísla a las personas y las mantiene en permanente situación de inseguridad y de incertidumbre. La falta de verdad nos convierte en ciegos, de modo que avanzamos entre oscuridades: que a eso equivalen las desconfianzas e inseguridades de que estamos rodeados.

La falta de verdad impide el conocimiento. Imposibilita la compañía y la armonía en la sociedad. Y esta es la situación creada por el mal uso de lo digital, propiciada a partir de la posibilidad de insultar y de mentir sin dar la cara, bajo el amparo del anonimato digital.

¿Cómo defenderse de la mentira?

Ante este mal que, de mentira en mentira, va destruyendo la sociedad y los mismos hogares sin que sus víctimas se den cuenta, caben acciones como estas:

  • Aprender a detectar la mentira que aparece en los medios de comunicación: periódicos, noticieros de radio y televisión, o en la información digital. Esto supone un examen atento de los mensajes de esos medios, para descubrir contradicciones, exageraciones, incoherencias, montajes de imágenes, de voces. Algunos medios difunden técnicas para descubrir esas formas de la mentira, prestan el servicio de confirmación de informaciones y ponen en evidencia falsedades disfrazadas de noticia.
  • Ese mismo ejercicio de crítica se debe hacer con los anuncios publicitarios. Así se afina la mirada del receptor y lo prepara para defenderse de los numerosos intentos de engaño que infestan los medios de comunicación.
  • Valorar la diferencia que aparece cuando la información es verdadera y aporta conocimiento. Pero, más que nada, porque da seguridad y confianza.
  • Enseñar con el ejemplo a hijos o alumnos el rechazo a todo lo que es falso.
  • Crear hábitos de veracidad: la exactitud en lo que se dice y, de modo especial, cultivar el orgullo y la satisfacción de hablar siempre con la verdad.

En esta era de la posverdad, o sea de la mentira dicha sin vergüenza y sin escrúpulo alguno, hay sin embargo algo positivo: que se nos ha creado la necesidad de defendernos de lo falso y de buscar la verdad. Esa urgencia, por su parte, nos ha convencido de que cada vez que le rendimos culto a la verdad nos hacemos más plenamente humanos.

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