Edición Octubre a Diciembre 2017 Nº 115

La familia Narváez de Génova
Región

La familia Narváez de Génova

A comienzos de los años setenta, la comunidad organizó un concurso para premiar a la familia más numerosa: la familia Narváez Gómez ganó el primer lugar

Casi a la hora del crepúsculo, Juan de la Rosa Narváez, su esposa Soledad Gómez y sus nueve hijos descargaron los bártulos y se dispusieron a pasar su primera noche en Génova, en un rancho que estaba en el sector La Isla.

Después de casi cuatro días de viaje por las carreteras destapadas de Colombia, la familia llegó al paraje Barragán, la penúltima etapa del recorrido que iniciaron en Argelia (Antioquia). Al mediodía, cargaron los corotos en mulas con las que emprendieron el camino loma arriba, se detuvieron en algunos recodos para beber agua, dar tetero a los infantes y comer la parva que la madre llevaba en una canastilla de bejucos.

Fue a mediados de 1959, cuando todavía no había carretera para llegar a la pequeña localidad en la que ya estaban instalados como comerciantes dos hermanos de Juan de la Rosa: Benjamín y Antonio.

La casa en que se acomodaron para vivir lindaba con un campamento del batallón Rifles, que prestaba seguridad, cuyos soldados patrullaban en bestias por los agrestes confines de la cordillera. El padre de la familia curaba las mataduras de los equinos de la tropa, y en pago recibía víveres y enlatados para alimentarse él y su familia.

Diez años más tarde, la familia, que ya sumaba dieciocho integrantes, vivía en una casa de dos pisos en el marco de la plaza. En el primero tenían un expendio de carne y un almacén veterinario, ambos negocios con el nombre El Triunfo, como alegoría del resultado del trabajo incesante.

Juan de la Rosa se había dedicado a reparar casas viejas de bahareque y madera; después emprendió el negocio de compraventa y permuta de inmuebles, y, poco a poco, comenzó a levantar la familia y brindó estudio a sus hijos.

Los dieciséis obtuvieron sus títulos profesionales: contadores, administradores de empresas, abogado, médico zootecnista, docentes, y hasta un cura, Leonel, quien fue párroco en San Vicente del Caguán, en Caquetá, durante la época de los diálogos de paz.

A comienzos de los años setenta, la comunidad organizó un concurso para premiar a la familia más numerosa: la familia Narváez Gómez ganó el primer lugar. Por entonces se realizaban colectas para obtener recursos con los que se buscaba terminar la construcción del templo católico y fabricar las puertas de su entrada, que se elaborarían en bronce, en una fundición de Medellín, a un costo de veinte mil pesos cada una.

Pese a que por ese tiempo aún quedaban rescoldos de la Violencia partidista, liberales y conservadores aportaban por igual para la iglesia, y eran célebres las festividades de San Isidro Labrador y la Virgen del Carmen, cuando los feligreses donaban a la iglesia productos agrícolas, ganado, aves de corral y plata para la parroquia. Para honrar la tradición y el fervor familiar, los Narváez Gómez decidieron aportar a la iglesia los dos mil pesos del premio y participar luego en el famoso desfile de una recua de cincuenta mulas con cargas de café pergamino, para financiar la obra del templo.

Hoy, de esa familia numerosa, de esos dieciséis hermanos, solo uno no los acompaña: Gustavo de Jesús, quien era maestro, falleció.

Ahora, el sacerdote Leonel, director de la Fundación para la Reconciliación, recuerda a veces sus viajes a la selva como párroco de La Consolata, para encontrarse con Manuel Marulanda Vélez, «Tirofijo», ambos nacidos en Génova, un 12 de mayo. en la fiesta de la Ascensión de la Virgen, para celebrar sus cumpleaños y hablar de paz.

Para la última vez que se vieron, éste envió un avión Pilatus que lo recogiera en el aeropuerto y lo llevara a una pista en medio de la manigua, donde desembarcó, se calzó botas pantaneras, montó en mula, anduvo con guerrilleros casi tres horas, llegó al campamento, almorzó sancocho de paujil, y, mientras Tirofijo se secaba la frente con la toalla, Leonel pronunció una oración antes de abandonar el encanto de la tupida selva.

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