Edición Julio a Septiembre 2019 Nº 122

EL AMOR EN TIEMPOS DE CRISIS
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EL AMOR EN TIEMPOS DE CRISIS

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Por: María Elena López - Psicóloga de Familia

Ocho claves para enfrentar las dificultades

La pareja es un mundo inmenso, donde existen grandes satisfacciones, logros y buenos momentos, pero también es el espacio en el que se generan conflictos, dificultades y adversidades. A través de su historia la relación enfrenta distintas situaciones problemáticas, que tienen que ver con el dinero, la salud, el trabajo o las relaciones con alguien más. Las crisis hacen parte de la condición de vivir juntos, y pocos están libres de pasar por ellas. En ocasiones pueden ser muy intensas, o leves y pasajeras, y pueden ocurrir una o varias veces. Algunas son más difíciles de afrontar que otras. Todos estos eventos hacen parte de la convivencia.

Lo que se espera es que atravesar por los tiempos difíciles conduzca a la pareja a avanzar y fortalecerse y no a causar rupturas que los lleven a separarse temporal o definitivamente. Comparto con ustedes algunas claves que ayudarán a que, frente a las adversidades, las parejas puedan sacar todos sus recursos de manera acertada, avancen en las soluciones y aprendan de las crisis.

1. Identificar los problemas

Tener claridad acerca del tipo de crisis que se enfrenta, cuáles son sus causas o qué magnitud tiene es un paso importante para entender la dimensión real del problema. Esto aumenta la probabilidad de identificar formas objetivas y equilibradas de enfrentar situaciones conflictivas y establecer estrategias concretas para resolverlas.

2. Hacer un inventario de los recursos

Esta es una estrategia que permite hacer evidentes todos los apoyos tanto internos como externos con los que se cuenta. Llevar a cabo este ejercicio ayuda a interpretar los problemas como algo manejable y, además, a sentir que tienen solución si se trabaja para lograrlo.

3. Ver las dificultades en perspectiva

Se trata de interpretar la situación desde una óptica optimista, lo que implica considerar el lado bueno de las cosas, esperar resultados mejores y tener esperanza, sin olvidar la realidad. Ver las soluciones y no quedarse enfrascados en los problemas. Como dicen, ver el vaso medio lleno y no medio vacío.

4. Aceptar la realidad

No alejarse de lo que está pasando. Muchas veces negar los problemas o restarles importancia a los hechos los empeora. Lo más efectivo es asumirlos con compromiso, responsabilidad y de manera inteligente. Parte de vivir en pareja es aceptar las dificultades, carencias, momentos de tristeza o frustración. Esperar que todo funcione y no aceptar las dificultades de la convivencia es una actitud poco realista.

5. Ser emprendedor ante los contratiempos

Usar la creatividad y la innovación para buscar formas alternativas de interpretar las situaciones conflictivas, desde una perspectiva más amplia, comprensiva y realista. Tiene también que ver con arriesgarse a dar soluciones novedosas, que permitan negociar, hacer acuerdos, concertar, ceder y hacer una gerencia diferente de los problemas. La consigna es no hacer más de lo mismo con los mismos resultados negativos.

6. Autocontrol emocional

Las crisis llevan a que las personas experimenten dosis altas de tensión, por lo que resulta necesario evitar los estallidos verbales, los lenguajes de confrontación, desacreditación, humillación o maltrato. Buscar maneras de manejar las emociones de modo que no exacerben los problemas y se conviertan en una espiral de agresividad que termina por apoderarse por completo de la relación.

7. Ampliar el concepto de felicidad

Asumir que la vida en pareja se ve abocada a debilidades y contratiempos, está permeada por presiones externas y propias de la relación que hacen que no siempre todo esté bien y bajo control. Esto tiene que ver con relativizar la interpretación de los problemas como hechos nocivos e indeseados que nos complican la vida y nos llevan a la experimentación de emociones negativas de diversa índole. Las parejas no son perfectas.

8. Hacer economía psicológica

Tiene que ver con varios aspectos, como tomar la decisión de bajar la tensión, evitar enfrentamientos que agudizan los conflictos y se vuelven detonantes, por ejemplo la crítica, los juicios y las acusaciones permanentes. No instalarse en círculos viciosos de culpa, rabia, reclamos y otras actitudes negativas que no llevan a solucionar los problemas realmente. No esperar resultados inmediatos de parte y parte, tener en cuenta que los conflictos no se resuelven en un instante. Dar tiempo y espacio a conversar y compartir sobre distintos aspectos de la relación y no solo sobre lo que no está funcionando.

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