Edición Enero a Marzo 2019 Nº 120

Los valores de la convivencia
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Los valores de la convivencia

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Por: María Elena López - Psicóloga de Familia

“El resultado más elevado de la educación es la tolerancia”.
 Helen Keller

Las relaciones con los demás basadas en la tolerancia, la solidaridad y el respeto constituyen una forma a través de la cual es posible vivir en sociedad. Estos valores nos ayudan a hacer un mundo más habitable y a mejorar la calidad de nuestra existencia. Su práctica nos hace más humanos y mejores personas, contribuye a que la convivencia pueda ser pacífica, productiva y enriquecedora. Especialmente en estos tiempos en que los conflictos están a la orden del día en las familias, las empresas, con los amigos o los vecinos, es una prioridad la educación en virtudes y habilidades que tienen que ver con el hecho de entender que todos los individuos somos distintos y que esas diferencias pueden ser consideradas como fuente de progreso.

Actuar guiados por estos principios es una decisión de la voluntad, un acto valeroso que requiere esfuerzo, desprendimiento, generosidad y apertura. Algunas acciones contribuyen a estimular el desarrollo de estos comportamientos considerados prosociales:

1. Aceptar las diferencias

La diferencia hace parte de la vida. Esta es una poderosa razón para aprender a aceptar y reconocer la pluralidad de ideas, creencias o prácticas de los demás, aunque sean diferentes o contrarias a las nuestras. Ser tolerante se refiere a la disposición para entender y admitir que los demás sienten, opinan y obran de manera distinta a nosotros. Implica la decisión de no rechazar, ignorar o agredir a la persona o situación que tenemos en frente, por el solo hecho de ser diferente a lo que esperamos.

2. Generar actitudes positivas

Relacionarse con los otros de manera respetuosa y considerada tiene que ver con actos simples, como escuchar sin juicios, mostrar interés en lo que el otro dice, actuar con generosidad, aceptar su estilo propio de hablar, pensar o sentir. Acatar sus decisiones y necesidades con sensibilidad, justicia y respeto. Igualmente, con asumir que todos cometemos errores, y ver en la falla del otro una oportunidad para aprender y no solo un acto que hay que censurar.

3. Evaluar nuestro comportamiento

Diariamente nos encontramos con situaciones que logran sacarnos de casillas, y aunque no sea nuestra intención acabamos teniendo comportamientos intransigentes, excluyentes, poco considerados, y a veces hasta violentos. Es importante revisar nuestros niveles de tolerancia y especialmente las actitudes que pueden llegar a discriminar, excluir o lastimar a quienes nos rodean. Revisar los prejuicios y estereotipos con los cuales evaluamos las situaciones y los comportamientos de los demás es una tarea muy importante que es preciso hacer con frecuencia.

4. Dar testimonio mediante la práctica

Los valores son un camino por recorrer que se va entendiendo y aprendiendo con el paso de los años. No nacemos tolerantes o intolerantes. No poseemos estas virtudes por naturaleza. Son habilidades que se fortalecen con la práctica. Corresponden a la decisión de transigir y ceder, cambiar la crítica por la comprensión (comprender nos permite tolerar lo que a veces no soportamos de los demás), descubrir diferentes puntos de vista, entender que cada uno tiene un ritmo diferente de aprendizaje o adoptar una actitud de comprensión frente a las equivocaciones y fallas de los demás.

5. Valorar los beneficios

Son innumerables las ventajas de mostrar consideración por las necesidades de los demás, aceptar las diferencias y manejar con tranquilidad y apertura las situaciones que no son como las esperamos o deseamos. Predispone a buenas interacciones, genera una actitud positiva y facilita la resolución de los conflictos. El trato respetuoso es un antídoto efectivo frente a actitudes hostiles, ofensivas e incluso agresivas. Es realmente un comportamiento con una alta rentabilidad emocional. Además, las personas tolerantes y respetuosas tienden a ser más pacientes, tranquilas y flexibles, estados asociados a niveles altos de satisfacción.

6. Estimular su aprendizaje

Valores como la solidaridad o la tolerancia son capacidades que se forman poco a poco desde muy temprana edad, en un proceso que dura toda la vida, a través del ejemplo, la reflexión y con la práctica cotidiana. Se aprenden mediante el hábito y se cultivan, estimulan y consolidan ejercitándolas.

La familia representa la primera oportunidad para que las personas aprendan a relacionarse con los otros de manera respetuosa y considerada. Los padres deben trasmitirles a los niños desde pequeños que los demás son dignos de consideración y respeto tanto como uno, así como el reconocimiento del derecho que todas las personas tienen a ser bien tratadas.

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