Edición Julio a Septiembre 2018 Nº 118

Kit familiar anticorrupción
Familia

Kit familiar anticorrupción

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anticorrupcionEs un lugar común hablar de la crisis de valores que vivimos y que se manifiesta, entre otros comportamientos, en la extensión y persistencia de prácticas corruptas que afectan a muchos sectores y que van desde la apropiación indebida de los bienes públicos o privados, pago de sobornos, uso inadecuado de influencias hasta muchas otras modalidades que vulneran a las instituciones, los grupos y los individuos. Son muchos los factores que inciden sobre los niveles de corrupción, pero sin duda uno muy importante tiene que ver con los códigos morales de una sociedad, que en la práctica se traducen en una serie de actitudes, pensamientos y sentimientos que permiten que los seres humanos puedan vivir en comunidad con armonía.

La familia es el primer espacio donde las personas conocen, adquieren y perfeccionan estos valores básicos de convivencia, que se construyen en un proceso que dura toda la vida. Se desarrollan mediante el hábito y se consolidan ejercitándolos; es decir, se aprenden en la medida en que se ponen en práctica y se da testimonio de cada uno de ellos. No poseemos estas habilidades sociales por naturaleza, es necesario educarlas. El lugar por excelencia para esta labor es el entorno familiar. Además de valores como el respeto y la honestidad, también es necesario desarrollar otras habilidades que contribuyen a este propósito.

1. Educar en las consecuencias de los actos

Tener conciencia de que los actos tienen consecuencias sociales es un aprendizaje que empieza en casa. Respetar las normas ―tanto las que están establecidas como aquellas que están implícitas―, actuar correctamente pensando no solo en mi conveniencia, sino también en la de los demás son conductas que se ponen en práctica en muchos momentos de la vida cotidiana. Una buena reflexión, por ejemplo, sería imaginarse que todos deciden saltarse las colas, evadir los impuestos, copiarse del compañero, ignorar las normas de tránsito, apropiarse de los dineros públicos: será imposible la convivencia.

2. Modular la ambición

Desear salir adelante, progresar o tener mayor bienestar es legítimo, es una cualidad si no va en detrimento de los demás y no atiende únicamente a atesorar y acumular. Con frecuencia quienes incurren en actos de corrupción son personas con alto nivel económico y poder que obvian la ley para enriquecerse y poseer más. Es importante que los padres revisen si están transmitiendo el mensaje de que es bueno ganar cuando los otros también ganan y no solo cuando soy yo el beneficiado o responde únicamente a mis necesidades o deseos propios.

3. Desarrollar y estimular la empatía

Enseñar a relacionarse con los otros de manera respetuosa y considerada, mostrar respeto por sus necesidades y dar legitimidad a sus derechos de la misma manera que se espera para sí mismo es algo que igualmente se adquiere en las relaciones familiares, mediante el ejemplo y las buenas prácticas. Promover comportamientos más amables, prosociales, es la forma a través de la cual podemos vivir en sociedad sin pasar unos por encima de otros, y contribuye a superar la perspectiva individualista que no tiene en cuenta a los demás y solo busca, por encima del bien común, el provecho personal o el de pequeños grupos.

4. El sentido de lo público

De igual manera, se enseña en casa a reconocer el derecho que todas las personas tienen a usar lo público y a cuidarlo como si fuera propio, precisamente porque es de todos: dar un buen manejo a los servicios públicos y a las zonas comunales, como vías, andenes, canecas públicas, así como a los lugares del barrio: la iglesia, el parque, los paraderos de buses, entre otros. Acatar los derechos de los vecinos, respetar su tranquilidad, privacidad y bienes se aprende también en casa.

Por: María Elena López Jordán
Psicóloga de familia
Tags: Familia,Kit familiar anticorrupción

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